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Cómo es un buen profesor para los dispráxicos

Publicado por Alejandra, el 24/01/2019 Blog > Clases particulares > Dar clases particulares > Cómo Enseñar a Alumnos con Dispraxia

En líneas generales, los trastornos de comportamiento no son poco frecuentes entre los pequeños de la casa, y también entre los más adultos. No obstante, ante las cada vez más evidentes situaciones de fracaso escolar, solemos atribuir las causas del abandono académico a otros factores, y parece que nos olvidamos de causas habituales como las dificultades de aprendizaje, los trastornos cognitivos o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Discalculia, disfasia, disortografía, disgrafía, dislexia… Existen muchísimos trastornos que afectan al aprendizaje y de los que en muchas ocasiones ni siquiera hemos oído hablar. La dispraxia es también uno de ellos. Según un artículo publicado por la Fundación CADAH, la dispraxia afecta al 6% de los niños entre 5 y 11 años. Un porcentaje que no debemos menospreciar.

Y, como docentes, la pregunta que nos surge es: ¿cómo debo actuar ante un alumno con dispraxia? En este artículo compartimos algunos consejos y recomendaciones para que te adaptes de la mejor manera posible y ambos le saquéis el máximo partido a cada sesión.

Saber reconocer a un alumno dispráxico

Para saber cómo adaptar tu comportamiento a un alumno con dispraxia, lo primero que debes hacer es investigar sobre el trastorno. Puede que nunca hayas oído hablar de la dispraxia, pero se trata de un trastorno que, como decíamos, afecta a un 6% de los niños en edad escolar (primaria).

¿Y en qué consiste? Pues se trata de un trastorno que afecta a la automatización y la coordinación de los gestos y movimientos cuando estos tienen un objetivo concreto. Los niños dispráxicos tienen problemas a la hora de, por ejemplo, atarse los zapatos o vestirse, pero también cuando quieren escribir, por lo que no es de extrañar que se enfrenten a ciertas dificultades durante su etapa académica.

Dar clases a alumnos con dispraxia. La profesión docente es de las más gratificantes, pero a veces requiere superar ciertos obstáculos: como la enseñanza a dispráxicos.

El nombre de «dispraxia» se extendió en 1961, cuando lo empezaron a utilizar expertos en el ámbito de la neurología, como Walter Russel Brain. Otros autores anteriores hablaban de «torpeza inusual». Ford, por ejemplo, utilizaba el término «torpeza congénita».

Este trastorno tiene un origen neurológico y, en cierto modo, también genético. Las funciones cognitivas se ven afectadas, lo que frena u obstaculiza el aprendizaje escolar, así como su atención y la adquisición del lenguaje; y todo esto, por supuesto, repercute en la vida escolar del alumno.

Ante esto, los profesores deben ser capaces de identificar a los niños con dispraxia y de ayudarles con aquellas tareas que más les cuesten, como escribir, hablar o incluso aprender ciertos contenidos (como las multiplicaciones). Un trabajo que exige al profesor que cubra todos los frentes y desarrolle ejercicios y metodologías adaptadas.

Los alumnos con dispraxia, aunque no sean disléxicos ni tengan ninguna limitación intelectual, necesitan un cierto grado de ayuda para realizar algunas tareas del día a día. De las más sencillas a las más complicadas, hay un amplio abanico de actividades que se pueden ver afectadas por la falta de psicomotricidad del alumno dispráxico.

Entonces, el papel del docente consiste en saber combinar contenidos en sus clases y esforzarse por empatizar con las dificultades de sus estudiantes. Quizás tenga que actuar como una guía de apoyo para paliar las dificultades que el alumno se pueda encontrar durante su etapa escolar.

Si te interesan los trastornos de aprendizaje y cómo afrontarlos en el aula, te animamos a que leas sobre los alumnos con dislexia.

Cómo comportarse frente a un alumno dispráxico

Para ser profesor hay que saber adaptarse a determinadas circunstancias. Entender los contextos de cada alumno y ajustar los contenidos y las actividades en la medida de lo posible para que todos ellos aprendan y le saquen el máximo partido a las clases.

Hay que crear metodologías adaptadas para los alumnos con dificultades. Enseñar a alumnos con dispraxia requiere mucha paciencia y dedicación.

Además de las peculiaridades generales de los estudiantes, a la hora de dar clases a alumnos dispráxicos, por ejemplo, no podemos aplicar las mismas metodologías que usamos con el resto de alumnos. De hecho, un trastorno psicomotor como este hace que al alumno que lo sufre le cueste más asimilar y adquirir ciertos reflejos de atención o de escritura y que, en consecuencia, también tenga menos confianza en sí mismo.

El profesor se convierte en un tutor que debe ayudarle a ver sus progresos y hacer lo posible por que pueda seguir cada clase con relativa normalidad. Los niños dispráxicos no tienen necesariamente una deficiencia intelectual, son simplemente niños que requieren un poco más de tiempo que el resto de sus compañeros para alcanzar los objetivos marcados en cada etapa escolar.

Las dificultades académicas no aparecen por azar y el profesor debe saber cómo actuar frente a ellas y preparar el terreno para que los alumnos vayan progresando sin grandes dificultades. Quizás les ayude tener un cuaderno de ortografía en el que pueda repasar constantemente la escritura.

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Ayudar a un alumno dispráxico a avanzar

La profesión docente requiere ofrecer apoyo y guía a los alumnos para que vayan progresando y alcancen los objetivos establecidos en cada etapa. A pesar de los trastornos de atención, las dificultades académicas o la hiperactividad, tenemos que hacer lo posible para que todos los niños del grupo sean capaces de seguir las sesiones. De ahí que debamos contemplar las situaciones y los contextos de todos y cada uno de ellos a la hora de diseñar nuestras metodologías y actividades.

Y ¿qué podemos hacer para ayudar a un niño con problemas, sean cuales sean? Pues lo primero que podemos hacer es evitar que se sienta excluido. Debemos apostar por sus puntos fuertes y adaptar todas las herramientas y recursos necesarios para que se desarrolle de la mejor manera posible en el medio escolar. Debemos hacer un seguimiento frecuente de su progreso y mantener una conversación constante con los padres y el resto de personas implicadas en su desarrollo académico (como el servicio de orientación del centro o el resto de profesores) y así aunar esfuerzos.

Las dificultades académicas se pueden paliar con un profesor pedagogo. Los alumnos con dispraxia harán lo posible por aprender y progresar.

Los niños con dispraxia pueden progresar junto con el resto de sus compañeros, solo debemos buscar la manera de que conviertan sus dificultades en fortalezas. Como profesores, nos preocupamos por los éxitos y los avances de nuestros estudiantes.

Debemos pensar en su éxito académico, pero también en su bienestar, por lo que tenemos que apostar por ellos para que ganen confianza en sí mismos y autoestima. Tendrás que adaptar tu comportamiento para que entienda que no es menos que el resto, que tiene las mismas oportunidades y posibilidades para progresar, y que sienta que forma parte de un grupo (aunque tenga más problemas que el resto para asimilar nuevos conceptos y escribir).

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Prepararse para el futuro con un alumno dispráxico

Para los niños, el futuro es un concepto confuso y a veces complicado de entender, ya sean dispráxicos, disléxicos o no tengan ningún tipo de trastorno. Los profesores (y los padres) son los encargados de otorgar a los alumnos las herramientas necesarias para que puedan tener éxito en su futuro vida profesional, a pesar de sus dificultades para aprender a leer o escribir, por ejemplo.

En el éxito personal de un alumno influye también la imagen que tenga de sí mismo, y en eso también interviene el profesor, que puede ayudarle a ser consciente de que la dispraxia no es algo grave, que no tiene por qué afectar negativamente a su futuro y que tener dificultades a la hora de escribir no quiere decir que sea una misión imposible.

No hay nada que predisponga a un alumno dispráxico a querer superarse, a progresar por el bien de su futuro. El profesor le motivará para que tenga ganas de mejorar. Será un guía, un apoyo que le entregará las estrategias para jugar sus cartas (seas las que sean) de la mejor manera posible.  

Para su futuro, los profesores también deben pensar en los ámbitos que más les convengan a los alumnos, en función de sus capacidades y gustos. Tienen que proporcionarles una perspectiva de futuro y darles los recursos necesarios para que les parezca una idea real, no un sueño inalcanzable que les hará perder la motivación. Y lo cierto es que esto se aplica a todos los alumnos, tengan o no dispraxia.

Existen muchas dificultades que debemos saber cómo abordar en nuestras clases. La dispraxia no es más que uno de los muchísimos trastornos del aprendizaje a los que se pueden enfrentar los alumnos.

Debemos pensar que los niños con dispraxia tienen planes de futuro, como el resto, y también tienen ganas de avanzar en la vida, y puede que tengan una vocación particular.

Y hasta aquí todos nuestros consejos más básicos para dar clases a alumnos con dispraxia. Ten paciencia, utiliza metodologías adaptadas, mantén un diálogo constante con tus alumnos y su entorno y contribuye a crear una perspectiva de futuro para él. Todos pueden tener éxito independientemente de sus diferencias. Recuerda que enseñar consiste en hacer que una persona progrese en su vida.

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