Mi sueño no era escribir, sino callarme. Sentarme junto a una puerta y mirar quién entraba, sin participar en el murmullo del mundo. Este sueño es el de un autista. Entre la palabra «autista» y la palabra «artista» solo hay una letra de diferencia, nada más – Christian Bobin.

En Argentina, la escolarización y la educación son principios fundamentales que nos permiten acceder al conocimiento. Por eso, es esencial que los niños participen en el sistema académico y los profesores desempeñan un papel imprescindible en la correcta educación de las nuevas generaciones para que aprendan a interactuar y formar parte de la sociedad.

Esto resulta especialmente importante cuando tratamos con alumnos con algún tipo de trastorno a quienes les cuesta más entender cómo comportarse y reaccionar ante ciertas situaciones o estímulos. Este es el caso de los niños autistas o de personas con trastornos del comportamiento dentro del espectro autista.

En este artículo te brindamos algunos consejos e ideas para dar clases a alumnos con autismo, problemas de comunicación o trastornos similares.

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Yamila
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Saber reconocer a aquellos alumnos con autismo

Tendemos a pensar que las personas autistas son personas encerradas en sí mismas, aisladas del mundo exterior, y alejadas de las interacciones sociales. De hecho, si nos ceñimos al término, «autos» proviene del griego, que significa «uno mismo». Es decir, la propia palabra nos evoca ese alejamiento del resto de personas.

Antes de nada debemos entender en qué consiste el autismo.

No obstante, aunque este estereotipo no es totalmente falso, el autismo o el autismo de alto nivel consiste en defenderse de un entorno amenazador. O de un entorno que el sujeto en cuestión puede considerar amenazador.

Se estima que en Argentina actualmente hay más de 700 mil personas con algún tipo de Trastorno del Espectro Autista (TEA), por eso desde el gobierno de la ciudad se hace hincapié en la importancia del diagnóstico y la gestión del Certificado Único de Discapacidad (CUD), ya que este certificado brinda a las personas el acceso gratuito al Sistema de Prestaciones Básicas para la Habilitación y Rehabilitación de Personas con Discapacidad (Ley 24901). De esta manera las obras sociales y las empresas de medicina prepaga, deben cubrir la totalidad de estos servicios sin ningún tipo de excusa.

Por eso, debemos concienciar a la población sobre este trastorno, cómo diagnosticarlo y cómo tratar a las personas que lo padecen. Para empezar, hay que entender que las personas autistas no muestran ningún rasgo visible que las identifique como tal, ya que este trastorno solo se manifiesta a través de los comportamientos.

No debemos pensar en los niños autistas como personas discapacitadas, deficientes o como si tuviesen algún tipo de trastorno psiquiátrico, como esquizofrenia, o fuesen hipersensibles. Es cierto que algunos casos son especiales y pueden responder a los clichés establecidos, pero no debemos generalizar, especialmente si somos profesores.

De hecho, tener un alumno con autismo en una clase no es necesariamente un drama, porque probablemente será como el resto de alumnos. Lo que quizás tengas que hacer es prestarle más atención, como sucede en el caso de los alumnos en situación de abandono escolar, donde es necesario llevar un seguimiento personalizado y hacer lo posible para que puedan avanzar juntos con una metodología que combine ejercicios y comunicación verbal y corporal.

Los niños con autismo son tan (o en ocasiones incluso más) inteligentes como el resto de alumnos. Tienen una percepción sensorial muy desarrollada y las dotes cognitivas de cualquier otro niño. Pueden tener problemas de lenguaje, problemas de aprendizaje, dificultades de comunicación, como cualquier otro alumno. Por lo tanto, el deber de los profesores consiste en ir un paso más allá de los estereotipos y prestar atención a la comunicación no verbal de los alumnos autistas.

Actitudes frente a un alumno con autismo

Dejando a un lado ciertos detalles y comportamientos, debemos intentar tratar a los niños con autismo como a cualquier otro niño, como si el autismo en sí no fuese más que un rasgo particular. Eso sí, los profesores han de formarse e investigar si en sus clases tienen alumnos autistas, ya que quizás tengan que adoptar alguna metodología específica, o tengan que prepararse para saber cómo reaccionar en su día a día con un niño autista.

Cada alumno es un mundo. Los niños autistas no son una excepción.

A veces resulta interesante combinar metodologías cuando damos clases a alumnos autistas. Algunos niños tienen un retraso en el lenguaje, una deficiencia intelectual o son hiperactivos o tienen altas capacidades, y los profesores no tienen por qué saber siempre cómo actuar con cada uno de ellos. Por eso es importante documentarse e informarse con detenimiento para que las sesiones sean lo más productivas y beneficiosas posibles para ambas partes. Nuestro consejo es que te pongas en contacto con expertos que te expliquen cómo tratar a alumnos con determinados trastornos o comportamientos particulares.

También deberás hacer un esfuerzo de sensibilización con el resto de alumnos de la clase. De hecho, el aislamiento y la sensación de deficiencia que muchas veces tienen los niños autistas puede venir dada por las  burlas de sus compañeros. No olvidemos que los niños a veces son muy malos entre ellos, por lo que hay que enseñarles y hacer lo posible para prevenir este tipo de comportamientos.

Además de prestar atención y reaccionar al resto de estudiantes, al igual que enseñar a un niño disléxico, los profesores deben centrarse en el alumno en sí, así como en sus esfuerzos, su progreso, su trabajo para entender y asimilar los conceptos nuevos. Todo un trabajo de fondo en el que el enseñante debe pensar en todos, cubrir todos los frentes y participar en el desarrollo cognitivo de los niños.

La docencia es una profesión a tiempo completo, sobre todo cuando hablamos de ser profesor para un niño con autismo. Aunque el profesor no lo acompañe las 24 horas del día, tendrá que hacer gala de paciencia y tranquilidad. No olvidemos que un buen pedagogo ha de saber escuchar, observar y mantener un diálogo constante.

A tener en cuenta cuando damos clases a niños con TEA

El futuro es un concepto confuso para los niños con autismo, pero también es muy importante para las personas que lo rodean que aparecen y desaparecen de su día a día. De hecho, como sabemos, la escolarización y la vida académica son elementos fundamentales en la vida de las personas que definen muchas partes de lo que somos y seremos. Se fomenta la competitividad, el compañerismo, la disciplina, la amistad, la jerarquía, el respeto, la solidaridad, la empatía, etc.

El enfoque que tomemos hacia los alumnos autistas debe ser un poco diferente.

Los niños autistas también adquieren todas estas naciones, pero de manera diferente. Esto es algo que los profesores deben tener en cuenta para tratar a los alumnos con TEA como al resto. No hay que tratarles con menos severidad si la situación lo requiere, del mismo modo que tampoco hay que ser más exigentes con ellos que con el resto. Solo hay que encontrar el tono adecuado, las formulaciones adecuadas y explicar las cosas de manera clara.

El futuro de un alumno, sea cual sea, depende por lo tanto en gran medida de la educación que recibe en la escuela y el instituto. Así, los conocimientos se deben distribuir de manera equitativa y las asignaturas y disciplinas se deben concebir como algo normal para todos los alumnos, con o sin TEA. Eso sí, esto no quiere decir que debamos pasar por alto la condición de los alumnos autistas; debemos ser conscientes de sus características, pero sin que estas se conviertan en un obstáculo constante para ellos y/o para el resto de la clase.

Las personas que presentan problemas autistas, cómo los alumnos con dispraxia pueden estar escolarizadas sin ningún problema ya que no tienen ningún tipo de retraso cognitivo, y eso es algo que debemos recalcar y tener muy en cuenta. Los profesores han de saber adaptarse y utilizar metodologías adaptadas para que los estudiantes avancen y tengan un futuro brillante.

El autismo desde la perspectiva docente

El TEA no es contagioso, no es letal, ni es peligroso. Es simplemente un trastorno del comportamiento que padecen miles de personas en España y que les puede afectar en su etapa académica. Los profesores deben, desde su puesto, mostrar que los alumnos con autismo no son (tan) diferentes del resto.

Los alumnos autistas a veces necesitan un seguimiento más particular.

El profesor se convierte en una figura de apoyo, pero también en un abanderado de la causa autista por el simple hecho de guiar y acompañar a su alumno a cada paso.

Nada nos predispone a marginar a un individuo. El desarrollo de los niños pasa por la visión que nosotros mismos les trasmitimos, por lo que los profesores son los primeros que deben ser un ejemplo y tener un comportamiento irreprochable en este sentido.

El docente tiene, por tanto, este papel de apoyo y portavoz contra los clichés y las ideas preconcebidas. Un gran desafío para el día a día que se recompensa con la gratificación de ver los progresos de cada niño.

 

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Alejandra

Creadora de contenidos fanática de los animales, el chocolate y las miniaturas. Siempre tengo el meme perfecto para el momento justo :)